La inaudita violencia ejercida por el narcotráfico está descomponiendo el tejido social mexicano. Casi 45.000 muertos en cinco años, desde que el presidente Felipe Calderón desencadenara su cruzada contra los carteles, es más de lo que puede soportar un país, aunque tenga la envergadura de México. Los mexicanos, que hasta hace poco situaban las penurias económicas en lo alto de sus angustias, las han sustituido por la brutalidad criminal que asola una nación donde la extorsión y el asesinato individual y colectivo se han convertido en moneda corriente. Y donde debilidad institucional y corrupción dejan impunes un porcentaje de crímenes incompatible con un Estado de derecho.
Uno de los efectos más perversos de este resquebrajamiento social es el progresivo silencio sobre la criminalidad vinculada al narcotráfico. Numerosos periódicos y emisoras mexicanos, sobre todo de zonas fronterizas con EE UU, donde la violencia es más estremecedora y cotidiana, han dejado de informar por miedo a convertirse en blanco de los pistoleros. Los ciudadanos empiezan a volcarse en internet y las redes sociales para tener noticia de acontecimientos que, de otra forma, comienzan a estarles vedados.
http://www.elpais.com/articulo/opinion/Mexico/grita/elpepiopi/20110929elpepiopi_2/Tes
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